Cuando alguien pregunta por qué Querétaro se está proyectando a convertirse en una de las infraestructuras digitales clave de todo América Latina, la primera respuesta que se viene a la mente suele ser "nearshoring" o "incentivos fiscales". Pero, la realidad es un poco más compleja que solo eso, más bien es el resultado de veinte años de eventos que, por separado, parecían no tener relación entre sí. Un plan de desarrollo, una industria aeroespacial, una autopista, la venta de un centro de datos y la llegada de tres gigantes tecnológicos. Cinco piezas que, juntas, explican por qué Microsoft, Google y Amazon eligieron este territorio y no otro.
1. El Plan Estatal de Desarrollo del 2005.
Un plan estatal de desarrollo es, en pocas palabras, el instrumento legal que ordena el territorio: define qué, cómo y dónde se va a llevar a cabo la construcción y desarrollo de infraestructura en el estado durante los siguientes años. Suena burocrático, y lo es. Pero también es una pieza clave ya que, sin ella, nada de lo que vemos el día de hoy en la región sería posible.
En 2005, el gobierno del estado y la iniciativa privada diseñaron el Plan Estatal de Desarrollo Querétaro 2025 con un objetivo puntual: dejar de depender de la manufactura tradicional de bajo valor agregado (textil, ensamble básico, entre otras) para dar paso a una “economía del conocimiento”. Este plan delimitó corredores industriales sobre grandes reservas de suelo, y ese paso, más técnico que espectacular, fue el que realmente cambió la estructura económica del estado.
Un centro de datos (o cualquier proyecto tecnológico de gran escala) necesita extensiones de tierra libres de litigios y con certeza jurídica real e inmediata. Al delimitar qué suelo estaba destinado a uso industrial y tecnológico, Querétaro garantizó que, años después, los desarrolladores pudieran adquirir terrenos limpios y listos para construir sin lidiar con cambios de uso de suelo, normativa que impide el desarrollo industrial de un proyecto o enfrentar años de disputas de propiedad. Ninguna inversión de miles de millones de dólares se arriesga a construir sobre tierra en la que la normativa y estado legal de la misma esté comprometida. Ese fue el primer cimiento, y es el que menos se nota.
2. El clúster aeroespacial en 2006.
La industria aeroespacial es una de las más exigentes del mundo en materia de infraestructura. Requiere suministro eléctrico continuo sin interrupciones, sistemas avanzados de seguridad, conectividad privada y, sobre todo, cero tolerancia a fallas: un corte de luz no es una molestia, es un riesgo de seguridad. Para operar aquí, cualquier región tiene que construir infraestructura que cumpla ese estándar desde el inicio.
En 2006, la llegada de Bombardier y el establecimiento de la Universidad Aeronáutica en Querétaro consolidaron al estado como clúster aeroespacial, con la creación del Parque Industrial Aeropuerto Querétaro (PIAQ). Para atraer y sostener esta industria, gobierno e iniciativa privada tuvieron que invertir en subestaciones eléctricas complejas y accesos de fibra óptica de alta capacidad.
Lo que realmente heredó Querétaro de este momento no fueron los aviones: fue la cultura de ingeniería de misión crítica. misma situación que años después, llamó la atención del sector de data centers que empezó a buscar ubicaciones con las condiciones idóneas para establecerse y, Querétaro ya era el único mercado del país con parques industriales que entendían ese nivel de exigencia eléctrica, de conectividad y de seguridad.
3. La fibra óptica y la autopista 57 en 2010.
En 2010, operadores de telecomunicaciones nacionales e internacionales establecieron la Autopista 57 como el derecho de vía principal para conectar el centro de la Ciudad de México con los macro-nodos de Texas, en Estados Unidos, a través de una red de fibra óptica de larga distancia. Esa autopista es la que cruza el estado de Querétaro de sur a norte.
La fibra óptica troncal es la infraestructura física, se trata de cables físicos que transportan datos a larga distancia a velocidades cercanas a la de la luz. Es el sistema circulatorio de internet: sin rutas troncales cerca, no hay forma de mover información rápido, sin importar qué tan buena sea la infraestructura local.
El beneficio fue casi accidental, pero decisivo: al estar los cables físicamente ahí, cualquier proyecto tecnológico instalado en Querétaro obtuvo acceso directo a conectividad de altísima velocidad, tanto hacia la Ciudad de México como hacia Estados Unidos, sin tener que construir su propia infraestructura de larga distancia desde cero.
4. La compra de Axtel por Equinix en 2014
Existen varias formas de manejar un centro de datos, existen los centros de datos cerrados y los hubs carrier-neutral, la diferencia es que el primero es una instalación que una empresa construye y opera exclusivamente para sí misma: sus propios servidores, su propia red, sin acceso externo. En cambio el segundo es un punto de interconexión abierto, donde distintos operadores de internet pueden llegar físicamente y conectarse unos con otros bajo un mismo techo. Para las grandes nubes globales, esta segunda figura no es una preferencia: es un requisito. Necesitan ecosistemas abiertos de conectividad, no instalaciones aisladas.
En 2014, Axtel había construido un centro de datos avanzado enfocado en su propio mercado corporativo y de telecomunicaciones, mismo proyecto que vendió a Equinix, uno de los gigantes globales de la interconexión. Esta instalación se transformó en MX1, el primer hub verdaderamente carrier-neutral de la región.
Ese cambio de modelo fue lo que le dio a empresas como Google, Microsoft y AWS un motivo técnico para considerar Querétaro: un lugar donde múltiples proveedores de internet ya convergían y podían interconectarse de forma rápida y eficiente.
5. La llegada de los hyperscalers (2020-2025)
Cuando hablamos del almacenamiento de datos en la nube, no hablamos de un concepto abstracto. Es infraestructura física: servidores alojados en centros de datos alrededor del mundo. El cloud computing es, en el fondo, dejar que empresas como Microsoft o Google construyan y mantengan esos servidores a gran escala, para que el resto (empresas, gobiernos, desarrolladores) rente capacidad de cómputo en lugar de comprar y operar su propio hardware.
Todo lo construido en los quince años anteriores convergió en 2020, cuando Microsoft anunció oficialmente la primera región de nube en México, con sede en Querétaro. Ese anuncio operó como un sello de aprobación global: nadie quiere ser el primero en arriesgarse en un mercado nuevo a esta escala, pero tampoco nadie quiere quedarse fuera una vez que un gigante valida el territorio.
Lo que siguió fue rápido. En 2024, Google Cloud y Microsoft Azure abrieron oficialmente sus regiones de infraestructura bajo esquemas multisitio. En 2025, Amazon Web Services anunció su propia región con tres zonas de disponibilidad distribuidas en el estado. Para 2026, jugadores especializados en infraestructura de IA (CloudHQ, Scala Data Centers, Layer 9) ya estaban expandiendo sus propias fases operativas.
La inteligencia territorial no depende de un solo factor
Visto en retrospectiva, es tentador pensar que Querétaro se establece como un hub de centros de datos con tanta proyección por una sola razón: la tierra, la energía, la ubicación, o incluso la suerte. Pero ninguno de estos sucesos, por sí solos, habrían sido suficiente. Un plan de desarrollo sin industria aeroespacial no genera una cultura de infraestructura de misión crítica. Una cultura de infraestructura sin fibra óptica troncal no resuelve la conectividad. Conectividad sin un hub abierto de interconexión no atrae a un hyperscaler. Y ningún hyperscaler llega a un territorio que no tuvo, veinte años antes, la certeza jurídica de que la tierra estaba lista.
Esa es, en el fondo, la lección detrás del dato: la inteligencia territorial no es un solo factor que se identifica y se replica en otro lugar. Es la acumulación deliberada de decisiones institucionales, culturales y de infraestructura, sostenidas durante dos décadas. Entender eso es lo que separa un análisis superficial de nearshoring de un análisis serio de por qué un territorio específico captura una industria específica.
Ningún hyperscaler llega a un territorio que no tuvo, veinte años antes, la certeza jurídica de que la tierra estaba lista.
Miguel A. Gleason es abogado especializado en derecho inmobiliario, agrario y corporativo, y fundador de GLC. Este artículo forma parte de la serie de GLC Research sobre el desarrollo de centros de datos en Querétaro.
