Un centro de datos consta de miles de servidores que están funcionando 24/7 sin detenerse ni un momento, ya que si se detiene, se pierde la conectividad, y en un mundo tan dependiente del internet esto puede significar un riesgo importante en todas nuestras actividades. Es bien sabido que este trabajo ininterrumpido genera una cantidad importante de calor, y que si esta no se disipa, ocasionaría fallas en los componentes ocasionando que el servicio se caiga. La forma más barata y eficiente de enfriar estos mega servidores es con agua, el agua tiene la capacidad de absorber, transportar y disipar el calor. Es por eso que siempre asociamos la operación de estos centros de datos con un consumo masivo de agua.
Si bien, es real que los centros de datos hoy en día consumen millones de litros de agua diario, los centros de datos de nueva generación que se están construyendo alrededor del mundo en zonas como Querétaro vienen con otro ADN. Estos proyectos de hiperescala están obligados (como condición específica de la CEA y la SEDESU para otorgar la factibilidad hídrica, ante el estrés del acuífero) a operar con sistemas que consuman 0 agua en su operación diaria. Entonces, aunque esto resolvería el problema de que la industria vaya a agotar el agua de la región, el verdadero problema es que la región ya no tenía agua que darle, incluso antes de que llegara.
No queda agua que repartir
En Querétaro hay 12 acuíferos delimitados oficialmente por CONAGUA. El clúster de centros de datos se concentra sobre dos de ellos: el acuífero Valle de Querétaro, que cubre la capital, Corregidora y El Marqués, y el acuífero Valle de Amazcala, en El Marqués y Colón, aquí es donde se concentran los desarrollos industriales y tecnológicos más recientes.
Ambos están en déficit. Valle de Querétaro y Valle de Amazcala reportan una disponibilidad negativa de -67.01 y -24.68 millones de metros cúbicos al año. Es decir, cada año se extrae más agua de la que el subsuelo logra recargar de forma natural, y esa diferencia se cubre a costa de la reserva del acuífero, por lo que si seguimos así, la reserva de estos acuíferos se va a seguir reduciendo. El estado de Querétaro, en conjunto, está clasificado por el World Resources Institute y CONAGUA con un nivel de estrés hídrico superior al 80%, la categoría más alta que existe.
Qué significa, técnicamente, que "no haya agua"
Cuando una autoridad dice que un acuífero está en déficit, no es una apreciación cualitativa, sino que es el resultado de una fórmula oficial. La disponibilidad media anual de agua subterránea se calcula así: al volumen que recarga el acuífero cada año (agua de lluvia que se infiltra, flujo subterráneo, filtraciones de riego y de la red urbana) se le resta la descarga natural comprometida (el agua que el acuífero debe seguir liberando para no matar los ecosistemas superficiales que dependen de él) y el volumen ya concesionado e inscrito en el Registro Público de Derechos de Agua (REPDA). Lo que queda es lo que, en teoría, podría usarse todavía.
En Valle de Querétaro y Valle de Amazcala, ese resultado es negativo. No es que sobre poca agua: no sobra nada, y lo que se sigue extrayendo ya se toma de una reserva que no se repone. Esa es también la diferencia entre una cuenca y un acuífero: una cuenca es agua superficial (ríos, presas, escurrimientos), mientras que un acuífero es agua subterránea almacenada en formaciones geológicas permeables. Ambos se miden con el mismo principio de balance hídrico, pero un acuífero sobreexplotado no se recupera en el corto plazo, aunque se deje de extraer por completo.
Por qué ya no se puede tramitar una concesión nueva
Aquí es donde el problema hídrico se convierte en un problema legal. La Ley de Aguas Nacionales exige que, para otorgar la concesión que da derecho a usar agua nacional para fines industriales, comerciales o agrícolas, exista disponibilidad positiva en la fuente. Si el resultado de la fórmula es negativo, como en Valle de Querétaro y Valle de Amazcala, CONAGUA no puede, legalmente, emitir un título nuevo. No es una política discrecional ni una decisión de la autoridad local: es una restricción normativa directa. A eso se suma que buena parte de la región está bajo decreto de veda desde 1958, lo que además prohíbe la perforación de nuevos pozos.
Para un desarrollador que necesita agua, eso deja una sola vía legal: la transmisión de derechos. Comprar un título de concesión que ya existe y tramitar ante CONAGUA el cambio de uso hacia industrial, además de la relocalización del punto de extracción. Es un proceso que puede tomar entre 18 y 36 meses, y que compite por el mismo volumen escaso con otros usuarios ya establecidos.
El Acueducto III, el proyecto que traerá agua superficial desde la Presa Zimapán hacia la zona metropolitana, no resuelve este problema para la industria. Su propósito prioritario es garantizar agua potable para la población urbana; los centros de datos no pueden depender de él como fuente primaria para sus procesos, solo para el uso doméstico de su personal. Su efecto sobre el clúster tecnológico es indirecto: al cubrir parte de la demanda urbana con agua superficial, en teoría libera algo de presión sobre los acuíferos, pero no les devuelve el volumen ya comprometido.
La respuesta de la industria: construir sin agua
Es por esto que la opción de utilizar los sistemas de enfriamiento que consuman agua en los nuevos proyectos no es viable. Ante esto la solución pasa de ser conseguir más agua a encontrar la forma de no necesitarla. En cuanto a sistemas de enfriamiento para los centros de datos, prácticamente existen 3 arquitecturas de enfriamiento. Primero, tenemos la húmeda, que enfría los centros de datos a través de torres evaporativas, es la más sencilla y barata de construir y operar, pero a la vez es la que más agua consume, el agua pasa por las zonas donde se genera el calor y se evapora a través de estas torres para disipar el calor, haciendo que el agua que se evapore se consuma por completo y por ende se pierda por completo. Después tenemos el sistema de enfriamiento seco, este utiliza tuberías herméticas en circuito cerrado y enfriamiento por aire, tiene un consumo de agua de cero litros en operación, pero como utiliza el flujo del líquido de enfriamiento y el flujo de aire a través de ventiladores consume mucha más energía para lograr el mismo resultado. Y por último esta la híbrida, esta opera en seco la mayor parte del tiempo pero cuando los picos de calor y la temperatura ambiente no permiten el enfriamiento, hace uso de rociadores de agua para compensar.
Los primeros proyectos que se construyeron en Querétaro se construyeron con enfriamiento húmedo, porque, en su momento, la regulación y la disponibilidad de agua todavía lo permitían. Ahora, los nuevos, de hiperescala, están obligados a operar en seco o híbrido. La condición para obtener factibilidad hídrica hoy es, esencialmente, no necesitar agua.
Eso resuelve el riesgo de suministro y el riesgo reputacional frente a comunidades que ya conviven con desabasto. Pero no elimina el costo, solamente lo traslada. Enfriar sin agua le exige más electricidad a la misma red que, en la zona, ya opera saturada por la llegada de estos mismos proyectos.
La reflexión
La conclusión que podemos sacar de esta situación es entender que este hub de centros de datos no va a secar a Querétaro, que gracias a la nueva tecnología y a la forma en la que se está llevando a cabo estos proyectos se resuelve una de las principales preocupaciones que es el consumo de agua. Pero eso no significa que estamos libres de problemas de capacidad hídrica porque estos proyectos llegan a una región que ya opera en números rojos, incluso antes de que se anunciaran estos megaproyectos, y no importa qué tan seco sea el sistema de enfriamiento de estos centros de datos, el agua que estamos consumiendo de nuestros acuíferos no va a regresar.
Es por eso que aprendemos que cada vez que la industria resuelve una restricción técnica, el riesgo no desaparece, solamente cambia de lugar, en este caso, si bien se resuelve la necesidad de agua, va a aumentar la necesidad de energía en una red que ya opera sobresaturada. Entender ese desplazamiento es clave para poder desarrollar un proyecto, entender y considerar que dentro de la región no hay capacidad hídrica y que cuenta con una red eléctrica saturada nos da la pauta para tomar las mejores decisiones al momento de desarrollar. Esto es lo que separa un análisis de inversión serio de uno que solo mira a las grandes empresas que llegan.
Cada vez que la industria resuelve una restricción técnica, el riesgo no desaparece: solamente cambia de lugar.
Miguel A. Gleason es abogado especializado en derecho inmobiliario, agrario y corporativo, y fundador de GLC. Este artículo forma parte de la serie de GLC Research sobre el desarrollo de centros de datos en Querétaro.
